¿Para qué tener hijos en Colombia?

Hijos

En este país, tener un hijo es casi un acto de fe.

Una apuesta contra un sistema que le falló a los padres y que, en consecuencia, le falla también a los hijos.

Desde que nace el bebé, el reloj empieza a correr: 18 semanas, eso es lo que el Estado considera suficiente para cuidar, sanar, vincular y adaptarse a una nueva vida.

Después de ese breve respiro, comienza el verdadero costo de la maternidad y la paternidad moderna.

Las familias se ven forzadas a tercerizar la crianza.

Guarderías, jardines, colegios, familiares: una cadena de reemplazos que asume el papel de criar mientras los padres intentan sostener el hogar.

Porque hoy, un solo ingreso no basta, y el precio de “proveer” es la ausencia.

En Colombia, los padres entregan entre 11 y 12 horas diarias al sistema:

8 horas de trabajo, una de almuerzo, dos o más de transporte.

Y cuando por fin llegan a casa, apenas les quedan cuatro horas: bañar, alimentar, dormir.

Eso no es crianza. Eso es administración del agotamiento.

Tener un hijo aquí significa hacerse responsable de alguien que, en la práctica, será criado por otros.

El sistema te dice que estás haciendo lo correcto, pero lo que hace es romper los lazos que dice proteger.

Padres ausentes por obligación. Hijos que crecen acompañados, pero no sostenidos.

No debería ser así.

Criar no puede ser un lujo reservado para unos pocos con tiempo y recursos.

Necesitamos repensar el trabajo, la educación, la distribución del tiempo, y todo lo que nos aleja de lo verdaderamente esencial.

Tener hijos en Colombia debería ser un acto de amor, no un sacrificio dentro de una maquinaria que produce cansancio y culpa.

Si de verdad queremos hablar de futuro, empecemos por el presente de quienes lo van a habitar.

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