
Desde hace rato vengo sospechando que la forma en la que vivimos está muy mal diseñada.
Mientras más aprendo sobre cómo estar mejor—más fuerte, más feliz y pleno—más me doy cuenta de que el sistema, la manera en la que vivimos hoy día, es nuestro mayor obstáculo.
Uno pensaría que el sistema actual tiene como objetivo fundamental el bienestar; si no, ¿cuál sería la razón para perseguir con tanto afán el progreso, el desarrollo tecnológico y vidas más largas?
El verdadero motor del sistema no es el bienestar, es la generación y acumulación de riqueza.
Todo avance político, hábito o idea que esté alineado con la generación y acumulación de riqueza es bien visto, promovido y tolerado, incluso si va en contra de nuestro bienestar.
¿No me crees? No me tienes que creer, solo mira a tu alrededor y verifícalo por ti mismo. O dime, ¿por qué crees que en una sociedad donde podríamos trabajar menos y vivir igual de bien, estamos trabajando más y viviendo peor?
Trabajamos hasta enfermarnos y, en algunos casos, hasta morir porque la idea de generar y acumular riqueza es superior a la de bienestar. No importa cómo queramos racionalizarlo, si el bienestar fuera el rey, el burnout, el estrés crónico, la depresión y el abuso de sustancias (drogas, alcohol, medicamentos, etc.) serían la excepción y no la norma.
Algunos dirán:
“Es que no tengo más opción.”
Y yo les respondo: exacto. A eso me refiero cuando te digo que el sistema es nuestro mayor obstáculo. Tenemos la mente tan condicionada que ni siquiera podemos pensar en nuevas posibilidades. Estamos conceptualmente atrapados, cegados, incapacitados.
Y cuando decides colocar tu bienestar en la cima (quizás junto a la riqueza, como una suerte de contrapeso), te vas a ver obligado a elegir entre la pastilla roja y la azul, como Neo frente a Morfeo en The Matrix.
Si eliges la pastilla azul, seguirás viendo lo que siempre has visto… bueno, lo que siempre han querido que veas. Serás prisionero de la propaganda. Ignorarás la existencia de la mierda que te rodea, pero, de cuando en cuando, su olor te hará despertar lo suficiente como para volver a tener que decidir: ¿me tomo otra pastilla azul o finalmente elijo la pastilla roja?
Si eliges la pastilla roja—y una vez la tomas, volver a la prisión de la ignorancia es casi imposible—verás toda la mierda que antes era invisible a tus ojos. Pero tranquilo, no todo es mierda, también seguirá allí todo lo bello y hermoso de la realidad.
Recién te tomas la pastilla, te sentirás solo y desorientado. Tus antiguos puntos de referencia ya no sirven, y todo aquello a lo que te aferrabas para obtener seguridad, paz y plenitud carece de sentido. Ahora eres como un recién nacido.
“Bienvenido al mundo real.”
Y ahora, ¿qué?
No tengo ni idea. Este mundo es tan nuevo para ti como para mí. Pero si recién te tomaste la pastilla, es posible que algunos de mis escritos te sirvan como referencia para ir navegando estas aguas inexploradas.
Recuerda: no estás solo. Hay muchos como nosotros ahí fuera. El problema es que estamos separados, nos autoalienamos por miedo al qué dirán.
No temas. Rara vez del temor salió algo bueno. Más bien, encontrémonos y fundemos pequeños oasis, pequeños retiros para viajeros como tú y como yo que necesitan descansar.
Bienvenido a mi Oasis.
Siéntete libre de conectar conmigo, escríbeme, hablemos, no te voy a vender nada, o bueno quizás si, te vendo la idea de pensar diferente.