Ya tienes cierto tiempo trabajando, no te puedes quejar, te va bien y tienes una vida bastante cómoda, pero no puedes evitar sentir que quisieras tener más tiempo libre, que te paguen mejor o ambas cosas.
Miras a tu alrededor y ves pocas opciones. ¿Tal vez buscar otro trabajo? Sí, paga mejor, pero seguirás sin tener tiempo para ti. Las pocas horas que te queden libres las pasarás en un carro más lujoso o en una casa más amplia, con mejores domicilios. No suena tan mal, pero, con el tiempo, igual te acostumbras.
Entonces dices: ya sé, voy a crear mi propia empresa, mi propia máquina de hacer dinero.
Luego se te pasa la emoción y dices: “Pero si yo lo único que sé hacer es mi trabajo” —ni hacer manillas sabes—.
Y ahí es donde entra este sencillo concepto: el concepto del erizo.
Consiste en 3 círculos (no, no es el IKIGAI, pero se parece):
- Cosas que disfrutas: En este círculo, identifica esas cosas que te gusta hacer. No tienen por qué ser las más apasionantes; con que las disfrutes, está bien.
- Cosas para las que eres bueno: En este círculo, evalúa sinceramente qué se te da bien, desde habilidades blandas hasta habilidades técnicas.
- Cosas que la gente realmente necesita: Aquí analiza lo que le duele a la gente. ¿De qué se quejan? ¿Cuáles son sus dolores de cabeza?
Una vez tienes esto, allí donde los 3 círculos converjan, es donde tienes tus semillas de negocio.
Evita enfocarte en semillas que solo cumplen 1 o 2 de las 3 condiciones. Este ejercicio es como un trípode: si le quitas una pata, todo se cae.
Una vez tienes la semilla, es hora de plantarla, regarla y cuidarla.
¿Cómo?
Tomando acción. Las semillas por sí solas no hacen nada; necesitan que alguien las ponga en terreno fértil y las cuide.
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