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3 hábitos simples que pueden cambiar tu salud mental para siempre

Salud Mental

Cuando sé que alguna persona cercana a mí tiene algún problema con su salud mental, lo primero que hago es acercarme y entender qué está pasando en su vida.

Los problemas de salud mental no son un diagnóstico, sino más bien un síntoma de que algo no va bien, y ese algo es complejo y muchas veces misterioso.

Me acerco porque yo también estuve allí y sé lo desesperanzador y frustrante que es no entender, no saber por dónde empezar a mejorar tu salud mental.

Es por eso que aquí te comparto un par de anclas de las cuales te puedes aferrar para salir de ese pozo oscuro en el que te encuentras.

1 Cuerpo y mente

Muchos tenemos la creencia de que el cuerpo y la mente están separados, pero no hay nada más lejos de la verdad.

El cuerpo y la mente trabajan juntos y se influyen de manera bidireccional. Es decir, una mente enferma puede enfermar al cuerpo y un cuerpo enfermo puede hacerle lo mismo a la mente. Un proceso clave para nuestra salud mental

Entonces, el primer paso para ayudarle a tu mente es asegurarte de estar siendo bueno con tu cuerpo.

¿Le estás dando a tu cuerpo los materiales necesarios (nutrientes) para que haga bien su trabajo, se recupere y esté fuerte?

Lo más probable es que no, que tengas a tu cuerpo a media marcha, con el motor malo y dándole gasolina de mala calidad.

¿Por dónde empezar?

1.1 Proteína

Las proteínas son el nutriente básico que va a ayudar a que todos los tejidos de tu cuerpo se reparen y funcionen como deben.

Si no comes la suficiente proteína, no vas a tener el material necesario para que tu cuerpo haga las reparaciones necesarias. Entonces, ¿Cuánta proteína necesito? Necesitas saber cuál es tu peso ideal, el peso que, según tu estructura física, te mantiene en un rango saludable entre masa muscular, ósea y grasa. En mi caso son 70 kilos.

Sabiendo ya mi peso ideal, el resto es fácil. Al día debo consumir 1.5 gramos de proteína por cada kilo de mi peso ideal. Es decir, 105 gramos de proteína al día.

1.2 Plantas y vegetales

Los vegetales y las plantas son una excelente fuente de vitaminas y minerales: magnesio, zinc, sal, vitamina C, calcio, etc.

¿Cuáles plantas y vegetales? Los que tú quieras; solamente asegúrate de incluir una gran variedad de colores, lavarlos muy bien y cocinarlos lo menos posible para que mantengan sus propiedades.

¿Cuántos vegetales como? La mitad de tu plato.

1.3 Ejercicio

Haz ejercicio, mueve tu cuerpo, suda, exígele a tus músculos, pon a bombear el corazón y a expandir tus pulmones.

Hacer ejercicio no tiene que ser obligatoriamente ir al gimnasio, puedes bailar, hacer yoga, correr, trotar, hacer ejercicios con tu propio peso, calistenia.

Haz el ejercicio que menos fricción te cause, no tiene que ser perfecto, no tiene que ser tradicional, solo debe ser el ejercicio que puedas hacer.

El ejercicio es la mejor medicina para el cuerpo y la mente, es la mejor manera de fortalecer tu salud mental.

1.4 Estimulantes y supresores

Reduce o elimina el azúcar, el alcohol, el cigarrillo, vapeo y cualquier sustancia estimulante como la marihuana, el éxtasis, tú me entiendes.

Estimular una mente desequilibrada no es una buena manera de fortalecer tu salud mental; quizás te sirva de escape momentáneo, pero solo reforzará más el bajón, la culpa y el dolor.

Por otro lado, adormecer una mente en desequilibrio tampoco es lo mejor para tu salud, lo único que logras es perderte de la vida, vivir a medias adicto a no sentir.

1.5 REM: Duerme

Duerme bien. Cuando dormimos, el cuerpo entero entra en modo de reparación y mantenimiento.

Si no dormimos bien, no le damos al cuerpo la oportunidad de repararse y esto eventualmente nos afecta la mente.

Cada cuerpo tiene su necesidad de sueño única, encuéntrala. Por ahora asegúrate de dormir 8 horas al día, levántate siempre a la misma hora (sí, los fines de semana también) y duérmete a la misma hora (sí, los fines de semana también).

2 Ve a terapia

Asegúrate de ir a terapia sabiendo que es tu responsabilidad estar mejor, no la del terapeuta.

Si el terapeuta que te atiende no lidera con el ejemplo, es decir, si no tiene el nivel de bienestar al que tú aspiras, cambia de terapeuta.

La terapia no es algo de lo que debas volverte dependiente.

3 Pide ayuda y déjate ayudar

Pedir ayuda es difícil y dejarse ayudar aún más, pero para aplicar cada uno de los consejos que te compartí vas a necesitar ayuda.

Vas a necesitar que tus amigos y familia entiendan que tendrás nuevos hábitos. Puede que esto te cueste algunas “amistades”, pero es mejor tener menos amigos y estar bien que tener muchos amigos y vivir mal.

Aprende a soltar todo aquello que te enferma, incluyendo esa parte de ti que de cierta manera se ha sentido cómoda en el dolor y la oscuridad.

Aclaraciones

Nada de lo que escribo aquí es fácil, te lo digo porque a mí me tomó 5 años poder salir del pozo en el que estaba. No lo hice solo, recibí mucha ayuda.

No es fácil, pero vale la pena.

Te lo prometo

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